La Organización Mundial de Turismo señala que entre todas
las actividades económicas, el turismo es una de las que más ha crecido en los
últimos tiempos a nivel mundial y la tendencia es que así siga ocurriendo (OMT,
2002). Las contribuciones que el mismo puede generar son múltiples y cubren
diversos ámbitos: el económico, el social, el cultural, el medio ambiental,
etc. Esto lleva a que cada vez sean más los lugares o destinos que intentan
utilizar esta actividad como estrategia de desarrollo.
De esta forma, se ha incrementado el impulso hacia la
creación y búsqueda de “nuevos atractivos turísticos” por parte de los
destinos, avalados a su vez por la premisa nacional de promover la
diversificación de la oferta y de avanzar hacia un desarrollo turístico sustentable
y equilibrado del espacio turístico nacional.
Se plantea entonces la necesidad de definir la metodología
apropiada para corroborar que la gastronomía puede convertirse en un atractivo
turístico y potenciar el desarrollo sustentable de la localidad.
Para que la culinaria local se convierta en popular y atractiva
en su propio derecho debe ser filtrada por un establecimiento gastronómico
orientado al turista. La comida local, al igual que las artesanías, se hacen
populares entre los turistas solamente después que es transformada de cierta
manera y en un cierto grado. Los cambios se producen en diferentes dimensiones
y varios aspectos para satisfacer a los turistas; platos foráneos son
introducidos en la culinaria local y transformados para satisfacer los gustos
locales. De este encuentro entre las cocinas nativas e importadas pueden surgir
nuevos platos e, incluso, nuevas cocinas. Esto no constituye una mera fusión o
hibridización entre elementos extraños y locales sino que incluye una
innovación o elemento creativo (Cohen y Avieli; 2004:767).
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